MARÍA REMEDIOS DEL VALLE, LA MADRE DE LA PATRIA!

Se reconoce justamente a  José de  SAN MARTÍN  como el  “PADRE” de la Patria,  entre  tantos que lucharon por nuestra independencia…  Pero  también tiene a su “MADRE”, NO TAN RECONOCIDA por la historia. Mi RESPETO  y ADMIRACIÓN , por su valentía y entrega… su marido e hijos dejaron sus vidas para forjar nuestra nación (la que los políticos de turno  se encargan  en estos tiempos de humillar, y expoliar,  mediante negociados vendepatria y el latrocinio permanente!)  Ella es.. “LA NEGRA OLVIDADA”

https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Remedios_del_Valle

Remedios del Valle nació en Buenos Aires un día incierto de 1766, pues no hay registro del día exacto en que nació. Esta patriota argentina era negra y pobre, pero con el corazón dedicado a la libertad de su patria, que es la nuestra.

Una negra aguerrida

Comenzó su lucha armada en un grupo de milicianos llamado “Tercio de andaluces”, interviniendo en la expulsión de los ingleses en sus dos invasiones a Buenos Aires de 1806 y 1807

Luego de la Revolución de Mayo de 1810, integró —junto con su esposo y sus dos hijos— el ejército que realizó la primera Expedición Auxiliadora al Alto Perú bajo las órdenes del coronel Francisco Ortiz de Rosas y su segundo, Antonio González Balcarce. Se incorporó al Regimiento de Artillería de la Patria y el 20 de junio de 1811 peleó contra las fuerzas realistas —al mando del teniente general José Manuel Goyeneche— en la batalla de Huaqui, en la que su esposo y sus hijos dejaron la vida. Ahora tenía María tres motivos más para seguir luchando por la libertad de su tierra.

Para nuestro país, la derrota de Huaqui significó la pérdida del Alto Perú.

Con Manuel Belgrano

Al hacerse cargo Manuel Belgrano de la segunda Expedición Auxiliadora, María le pidió incorporarse a sus filas. En un primer momento Belgrano no la aceptó por su condición de mujer, pero finalmente accedió.

A raíz de las derrotas patriotas, Belgrano ordenó el éxodo jujeño del 23 de agosto de 1812, del cual fue parte María Remedios.

En la victoria…

El 24 de septiembre de 1812 le rogó a Belgrano que la dejara participar en la batalla de Tucumán. Luego del triunfo, el General pasó revista a la tropa y, al llegar a ella, se detuvo, le tendió la mano y la nombró Capitana de su Ejército y Madre de la Patria por haber asistido con coraje a los heridos en plena batalla y por haber ayudado también en la provisión de proyectiles a los artilleros.

También estuvo junto al general Belgrano en la batalla de Salta el 20 de febrero de 1813.

Y en la derrota

María Remedios acompañó al creador de la bandera no sólo en los triunfos. También estuvo presente el 1 de octubre de 1813 en la derrota de Vilcapujio, y el 14 de noviembre de ese año tuvo la más activa participación con un grupo al que se conoció como “las niñas de Ayohuma”.

En una oportunidad, el general Gregorio de Lamadrid —que participó en dicha batalla— dijo: “Es digno de transmitirse a la historia una acción sublime que practicaba una morena, hija de Buenos Aires, llamada ‘tía María’ y conocida por todo el ejército como ‘Madre de la Patria’. Mientras duraba ese horroroso cañoneo, como a las 12 del 14 de noviembre y con un sol que abrazaba (…) acompañada de dos mozas morenas, se las vio constantemente conduciendo agua en tres cántaros que llevaban a la cabeza, desde un lago o vertiente situado entre ambas líneas y distribuyéndola entre los diferentes cuerpos de la nuestra y sin la menor alteración”.

En esa batalla de Ayohuma, María Remedios fue herida de un balazo en el brazo izquierdo y tomada prisionera por las tropas de Pezuela. Todos los soldados —vencedores y vencidos— la vieron llorar, pero no por los azotes recibidos, sino por la tristeza de ver a la patria derrotada.

Apresada, ayudó a escapar a los prisioneros patriotas. Por esta acción fue azotada en público durante nueve días. Su piel negra se mezcló con el rojo de su sangre, hasta que logró escapar y unirse a las tropas de Martín Miguel de Güemes

Juan José Viamonte

En 1827, el general Juan José Viamonte —participante también de las batallas por nuestra independencia— la encontró por casualidad mendigando en Buenos Aires por la Plaza de la Victoria [actual Plaza de Mayo] y a las puertas de las iglesias de San Francisco o Santo Domingo. Vergüenza es contarlo, pero su alimento eran restos de comida que mendigaba y pan que le daban en los conventos.

Cuando Viamonte la reconoció, le preguntó su nombre y le pidió que le mostrara el antebrazo izquierdo. Cuando ella lo hizo, Viamonte exclamó: “¡Pero usted es la Capitana, la Madre de la Patria, la misma que nos acompañó en el Alto Perú!”. Viamonte se sumió en una tristeza al ver el fin de esa heroína.

Al ser electo diputado, el 5 de septiembre de 1827 presentó una solicitud de otorgamiento de pensión para ella equivalente al sueldo de Capitán de Infantería por los servicios prestados en la guerra de la independencia. El 18 de febrero de 1828 Viamonte logró llevar el proyecto a la Legislatura, donde algunos diputados adujeron no tener facultad para otorgar pensiones por servicios prestados a la Nación. Viamonte se levantó exaltado y expresó con firmeza y ofuscación: “¡Yo conocí a esta mujer en la campaña del Alto Perú y la reconozco ahora aquí pidiendo limosna!… Esta mujer es realmente una benemérita y no una calienta-silla como tantos de los que están aquí presentes. Ha seguido al Ejército de la Patria desde 1810 y no hay acción en la que no se haya encontrado. Es bien digna de ser atendida porque presenta su cuerpo lleno de heridas de balas y también de cicatrices por los azotes recibidos del enemigo y lleva en su corazón la tristeza de haber perdido en los campos de batalla a su esposo e hijos. No se debe permitir que deba mendigar como lo hace.” El diputado Tomás de Anchorena, que había sido Secretario de Belgrano en el Alto Perú, también la reconoció y apoyó los dichos de Viamonte.

“Efectivamente, esta es una mujer singular. Yo me hallaba de secretario del general Belgrano cuando esta mujer estaba en el ejército, y no había acción en la que ella pudiera tomar parte que no la tomase, y en unos términos que podía ponerse en competencia con el soldado más valiente; era la admiración del general, de los oficiales y de todos cuantos acompañaban al ejército. Ella en medio de ese valor tenía una virtud a toda prueba y presentaré un hecho que la manifiesta: el general Belgrano, creo que ha sido el general más riguroso, no permitió que siguiese ninguna mujer al ejército; y esta María Remedios del Valle era la única que tenía facultad para seguirlo. […] Ella era el paño de lágrimas, sin el menor interés de jefes y oficiales. Yo los he oído a todos a voz pública, hacer elogios de esta mujer por esa oficiosidad y caridad con que cuidaba a los hombres en la desgracia y miseria en que quedaban después de una acción de guerra: sin piernas unos, y otros sin brazos, sin tener auxilios ni recursos para remediar sus dolencias. De esta clase era esta mujer. Si no me engaño el general Belgrano le dio el título de capitán del ejército. No tengo presente si fue en el Tucumán o en Salta, que después de esa sangrienta acción en que entre muertos y heridos quedaron 700 hombres sobre el campo, oí al mismo Belgrano ponderar la oficiosidad y el esmero de esta mujer en asistir a todos los heridos que ella podía socorrer. […] Una mujer tan singular como ésta entre nosotros debe ser el objeto de la admiración de cada ciudadano, y adonde quiera que vaya debía ser recibida en brazos y auxiliada con preferencia a una general; porque véase cuánto se realza el mérito de esta mujer en su misma clase respecto a otra superior, porque precisamente esta misma calidad es la que más la recomienda.”
El 18 de julio de 1828 se le concedió la mísera pensión de treinta pesos
mensuales, un promedio de un peso por día, en una época en que la libra de carne costaba dos pesos y la yerba, setenta centavos. Los expedientes quedaron extraviados bajo una pila de papeles y María nunca pudo cobrar esa pensión.
Juan Manuel de Rosas
Dos años después, Juan Manuel de Rosas la integró en la plana mayor inactiva (es decir, como retirada) con el grado de Sargento Mayor. En agradecimiento a la acción del Restaurador, María decidió llamarse Remedios Rosas.Así figuró en los grados militares hasta el 8 de noviembre de 1847, fecha en que falleció en Buenos Aires.

Fuentes: Revisionismo Histórico 30/7/19  – Wikipedia

RELACIONADO:

http://www.revisionistas.com.ar/?p=9126

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